La pérdida de un ser querido es una experiencia profundamente dolorosa, y cuando se trata de niños y adolescentes, el duelo adquiere características y necesidades particulares. En este artículo exploramos cómo se manifiesta el duelo en las distintas etapas de la infancia y la adolescencia, y ofrecemos pautas para una intervención efectiva desde el ámbito escolar y familiar.
Reacciones al Duelo Según la Edad
0 A 2 AÑOS
En esta etapa temprana, los más pequeños pueden manifestar el duelo a través de:
- Irritación e inquietud
- Alteraciones en el sueño y la alimentación
- Llantos desconsolados sin causa aparente
3 A 6 AÑOS
Los niños en este rango de edad, que aún no comprenden el concepto de irreversibilidad de la muerte, pueden presentar:
- Confusión y reiteradas preguntas sobre el ser fallecido
- Pensamientos mágicos: Por ejemplo, creer que «si hago X cosa, mi ser querido no fallecerá»
- Actitud irascible o quejas frecuentes
- Miedo a perder a otros seres queridos, lo que puede originar un apego ansioso
7 A 12 AÑOS
Con una comprensión más clara de la muerte, los niños en esta etapa:
- Intentan ocultar su dolor mediante el juego o mostrando aparente normalidad en clase
- Pueden sentir miedo de que algo similar suceda a otros familiares, generando ansiedad
- Adoptan actitudes defensivas para evitar llamar la atención de sus compañeross.
12 A 16 AÑOS
Los adolescentes, a pesar de entender que la muerte es irreversible, pueden reaccionar de maneras diversas:
- Incapacidad para verbalizar sus emociones y tendencia al aislamiento
- Actitudes pasivas o negativas ante la vida
- Conductas de riesgo y, en algunos casos, asumen responsabilidades excesivas para mantener el bienestar familiarien a nivel emocional.
Cómo se experimenta el duelo en las diferentes etapas vitales.
De 3 A 6 AÑOS
Especialmente hasta los 4 años no tienen un concepto claro de lo que significa la muerte, piensan que es algo reversible, como si estuviésemos durmiendo, por ello se preocupan por si el fallecido puede llevar a cabo sus acciones de la vida diaria, como por ejemplo sus acciones biológicas.
Puede ser que pregunten por ejemplo “¿Y qué hará si tiene ganas de ir al baño?” o si va a poder comer algo que le gustaba.
Algunos pueden desarrollar pensamientos imaginarios del índole “si hago X cosa no fallece mi madre”, o pensar que el fallecido volverá si por ejemplo le manda una carta.
Pueden tener, incluso hasta los 10 años, miedo a que les suceda lo mismo a ellos, o a familiares o a amigos, lo que puede originar un apego ansioso que cursa con miedo a que las figuras de referencia se vayan a trabajar, a que vayan a la compra, etc.
Todo esto se magnifica si ha sido uno de los cuidadores principales, ya que entonces la duda es: “¿y ahora quién me va a cuidar?”
De 6 a 12 AÑOS
Las niñas y niños ya suelen ir teniendo más claro que el concepto de la muerte es irreversible, pero especialmente son muy conscientes de las emociones de sus cuidadores.
Suelen darse cuenta de que sus familiares están tristes, y no conocen hasta qué momento temporal van a sentir esto. Así que pueden surgir preguntas acerca de qué pasará en un futuro, si volverán al cole, si sus familiares van a poder volver a estar bien…
Pueden empezar a preguntar por conceptos más abstractos de la muerte, en este momento las creencias son una parte importante del proceso, ya que preguntarán si van al cielo, qué es el cielo, si les puede ver, si le escucharán otra vez. Repetirán de nuevo preguntas de si en algún momento van a poder hablar con él, etc.
De 12 a 16 AÑOS
Entienden que la muerte es irreversible y universal, pero no están preparados todavía para no poder ver al ser querido, por lo que pueden experimentar rabia hacia el mundo que les rodea, o incluso decepción hacia un futuro más oscuro del que imaginaban. Esto les puede llevar a varias actitudes, pueden ser más responsables con su entorno, o por el contrario, encerrarse en sí mismos, siendo incapaces de verbalizar lo que sienten e incluso pudiendo hacer conductas de riesgo.
¿Cómo intervenir desde el ámbito escolar?
- El equipo directivo atiende a la familia e informa al orientador escolar acerca de lo sucedido.
- De una forma discreta se comunica al equipo docente.
- Coordinación entre el orientador y el tutor/a de la familia, han de conocer los siguientes datos:
- ¿Qué sabe el alumno o la alumna?
- ¿Qué quiere la familia que sepa?
- ¿Cómo quiere la familia actuar con respecto a la escuela?
- Respetar los tiempos y los espacios de la familia, hay que comunicar que estamos para lo que necesiten cuando necesiten. Sin obligar ni presionar a que nos digan qué quieren hacer, proporcionando su espacio.
- Cuando fallece un familiar de un alumno/a la orientadora ha de tener una entrevista con el padre/madre del niño/a donde se le dará la información sobre las reacciones que suele tener un alumno, dependiendo la edad de desarrollo, y cuál sería la mejor manera de vivir juntos esos momentos. Se le explica al tutor legal que puede acudir siempre que lo necesite a hablar con la orientadora, y que se le mantendrá informado/a del desarrollo del alumno/a. Hay que conocer si el tutor o tutora legal del alumno/a quiere que se comunique en la clase para que los demás niños sean sabedores. Si es el caso el tutor/a junto con el orientador/a lo comunicará en el grupo-clase.
- Si se da el caso que el alumno/a vuelve a la clase y requiere de un espacio porque le pregunta cosas a la tutora, o los demás compañeros/as le preguntan sobre la muerte, se tendrá que abordar el tema, siempre desde el respeto y la empatía.
Dentro del abordaje del tema hay que tener claro que ante las preguntas:
- ¿Dónde se ha ido? O ¿Voy a volverle a ver?
Hay que respetar las creencias de la familia y del niño. Si es cristiano, podemos hablar del cielo, sin embargo, si por el contrario no lo es, siempre podemos decirle:
“No lo sé pero a mi me gusta pensar que…”, “a mi me ayuda pensar que”…
- Si la familia lo desea también se puede proponer hablar con el orientador del centro y con el niño para que pueda darle algunas herramientas para pasar el duelo, aunque puede darle estas mismas pautas a los tutores legales.
Pautas para afrontar el duelo sobre algo ‘que no vas a volver a ver’
- Carta de Despedida
- Sacar fotografías en el domicilio familiar y hablar sobre la persona fallecida de una forma positiva, para que los niños/as no se queden con el último recuerdo si es negativo.
- Proporcionarle un diario ya que el describir sus sentimientos es muy importante.
- Buscar ayuda profesional familiar o individual en caso de que sea necesario para favorecer la ventilación emocional.
- Truco para que los niños/as sepan que van a sentir al fallecido aunque no esté: dile que cierre los ojos, pon tu mano cerca de su mejilla, sin tocarle, pregúntale si lo siente. Dile si te ve, te dirá que no, pero te siente.
Posteriormente aléjate y cierra la puerta, que se quede en la estancia sentado, dile que si te ve, te dirá que no, pero sabe que estás, aunque no te ve.
Explícale que el amor es así, está, aunque no lo puedes ver. Para que entienda que puede sentir a la persona fallecida aunque no la pueda ver.
Fases del duelo
Los niños no pasan el duelo igual que los adultos, por lo que es muy importante que vuelvan a sus actividades de la vida diaria lo antes posible, hay que volver a las clases, no quedarse encerrados en casa y hablar de la persona fallecida.
Es importante que hablen, que los familiares les ayuden a expresar sus emociones, sin forzar y respetando sus tiempos. Es lógico y es normal que veamos que en 3-4 días los niños de 8 a 12 años por ejemplo ya están mucho mejor, o prácticamente bien, esto es buena señal, no es señal de que no les importe el fallecido.
FASES DEL DUELO EN ADOLESCENTES
Suelen ser las mismas que los adultos:
- Shock
- Negación
- Ira
- Negociación
- Depresión
- Aceptación
- Nueva adquisición del rol
SIGUIENDO LA GUIA DE EDUCACIÓN DE LA GVA SOBRE COMO COMUNICAR LAS NOTICIAS COPIO LITERAL:
Recoger toda la información disponible y fiable sobre la mala noticia.
- Valorar qué persona es la más conveniente para hacer la comunicación.
- Conseguir un espacio físico adecuado, tranquilo y privado.
- Pensar, según la edad y madurez, cómo le vamos a comunicar la noticia. No hace falta decirlo todo de una vez. Se puede preceder de “Debo darte una mala noticia” o expresiones semejantes; también se puede utilizar lo que se conoce como la verdad acumulativa o a dosis, es decir, ir dándole pistas, hasta que la persona averigua lo que ha pasado.
- Respetar los silencios y los tiempos de asimilación, que acompañan el proceso.
- Permitir la expresión de sentimientos.
- Facilitar preguntas y dudas, y adaptarnos a sus estados de ánimo y lenguaje.
- Dedicar el tiempo necesario.
- Se le asegura a la persona que se respetará en todo momento sus decisiones sobre qué hacer, cómo, con quién, etc.
- Comunicar el resultado de la entrevista a las personas responsables de la tutoría y de la orientación educativa.
CÓMO COMUNICAR LA MUERTE A UN NIÑO/A DESDE EL ÁMBITO FAMILIAR. PAUTAS PARA LA FAMILIA.
- La noticia ha de ser trasmitida por personas que sean figuras de referencia para la niña/o y que quieran.
- Se ha de intentar comunicar la noticia lo antes posible.
- Elegir un lugar íntimo donde el adolescente o niño/a se sienta seguro/a para que puedan expresar lo que sienten.
- Es importante no contar toda la información de golpe, sino dejar espacios donde el niño/a pueda preguntar y dar la información más relevante de manera gradual.
- Hay que decir la verdad para intentar que comprendan la realidad, si el familiar más afectado no puede, buscará alguien de su entorno cercano que sea figura también de referencia para esa niña/o para que se lo pueda comunicar.
- Si la familia tiene creencias pueden utilizarlas para explicar la muerte.
- Hay que intentar no utilizar metáforas como “ahora está durmiendo”, “está en un lugar mejor”, especialmente en niños/as más pequeños, de 3 a 6 años, ya que no entenderán a qué nos referimos.
- Facilita que compartamos las emociones y que les pongamos nombre.
- Hay que permitir que expresen las emociones a todas las edades.
En conclusión, el duelo en la infancia y la adolescencia requiere una atención especial tanto en el entorno escolar como familiar. Entender las reacciones según la edad y aplicar estrategias de intervención adecuadas permite a los niños y adolescentes afrontar la pérdida y retomar sus actividades diarias con mayor resiliencia. Si eres educador o familiar, recuerda que el acompañamiento empático y respetuoso es la clave para ayudarles a transitar este difícil proceso.